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lunes, 23 de septiembre de 2013

Sanatorio Beelitz- Heilstätten

Concebido como sanatorio para el tratamiento de la tuberculosis, fue construido en 1898 al sur oeste de Berlin cerca de Potsdam, conforme a los planos creados por el arquitecto Heimo Schmiedem. sus 60 edificios ocupan una superficie de 200 hectáreas.
Quirófano de mujeres
Sala de inhalación
Sala de rayos UVA
Durante la primera guerra mundial se convirtió en hospital militar, tratando  a mas de 16.000 soldados heridos, entre ellos al joven cabo Adolf Hitler.
 Central eléctrica y deposito de agua
Comedor
Dividido por una carretera y una vía férrea el recinto queda dividido en cuatro zonas diferenciadas, los edificios del norte para tratamiento de la tuberculosis y los del sur para enfermedades no contagiosas.Se separaron también por sexo, al oeste de la carretera centros de tratamientos para mujeres y al este para hombres, así como el personal sanitario era femenino para la zona de mujeres y masculino para la zona de hombres.
En 1945 Rusia asumió su control y gestión, siendo el hospital ruso mas grade fuera de sus fronteras. Beelitz funcionaba como una pequeña ciudad autónoma, con casi todos los servicios que podía precisar dentro de sus muros, panaderías, restaurantes, carnicerías, establos, oficina de correos y su propia central eléctrica. En su hospital recibían tratamiento todo el personal ruso, ya fuesen militares, funcionarios o los familiares de esos colectivos.
El control por parte de los Rusos se mantuvo hasta 1995 varios años después de la reunificación Alemana.
El recinto ha servido como escenario para algunas películas como El Pianista y Las Valquirias.




Túneles de calefacción
Sala de calderas





Hornos de esterilización de instrumental quirúrgico
Extractores de los quirófanos

jueves, 18 de abril de 2013

La morada del Sapo

Cuando entramos en este lugar, que como veréis está emparentado con la medicina y la rehabilitación, ya nos avisaron que aunque no creyésemos en fenómenos extraños, no nos sorprendiésemos de vivir en primera persona algún suceso, al que no supiéramos encontrar una explicación lógica.

Pasamos seis horas, en absoluto silencio, recorriendo enormes espacios vacíos:  salones con telarañas gigantes, salas de rehabilitación, piscinas, gimnasios, consultas, pasillos y habitaciones. Resulta una experiencia un tanto inquietante. Después de los avisos, los sentidos están en alerta permanente, y cualquier ruido se magnifica.
Entro en una habitación y veo dos camas, y una mesita de noche al lado de cada una de ellas. Planto el trípode y tomo la fotografía. Salgo y me dirijo a la siguiente estancia. Al entrar, siento que hay corrientes de aire, y una puerta se cierra a mis espaldas de un golpe seco. Vuelvo sobre mis pasos, y entro de nuevo en la habitación anterior para comprobar que no he dejado nada abierto. Donde estaban las dos camas con sus respectivas mesitas, ahora, y entre ambas camas, hay una silla tirada en el suelo que antes no vi, mi cámara tampoco la captó. Estoy solo en la habitación, no hay nadie en los pasillos. Un escalofrío me recorre la espina dorsal.